Índice
Prefacio
Pág.3
Aviso al Lector
Pág.10
Reseña de la obra anterior Pág.11
Consejos del autor
Pág.24
Indice para orientarse
Pág.25
Las 33 Tri-visualizaciones Pág.31
Vida Social
Tri-v 1 - El Huevo de Oro Pág.33
Tri-v 2 - El Camino de la Decisión Imposible Pág.35
Tri-v 3 - El Caballo de 6 Patas Pág.39
Tri-v 4 - Las 13 Puertas del Cambio Pág.43
Tri-v 5 - La Fortaleza Invisible Pág.49
Psicología
Tri-v 6 - Los 5 Sonidos Luminosos Pág.55
Tri-v 7 - El Fruto Animal
Pág.59
Tri-v 8 - El Cerebro en la Esfera de Cobre Pág.61
Tri-v 9 - El Decágono de Diamante Pág.63
Tri-v 10 - El Andrógino del Infinito Pág.71
Tri-v 11 - El Pez de Fuego y las Algas del Corazón Pág.75
Tri-v 12 - La Mosca de Cobre
Pág.77
Tri-v 13 - Los 8 Volúmenes Inmateriales Pág.81
Tri-v 14 - La Trampa de las Negras Ideas Pág.87
Parapsicología
Tri-v 15 - La Pirámide de Fuego Pág.91
Tri-v 16 - El Viejo del Himalaya Pág.93
Tri-v 17 - El Planeta Ajedrez Pág.101
Tri-v 18 - La Palabra QEQEWEELEZ Pág.105
Tri-v 19 - La Rosa de la Videncia Pág.111
Salud
Tri-v 20 - La Máquina del Corazón Pág.115
Tri-v 21 - El Hueco del Arbol Pág.127
Tri-v 22 - La Armonización de los 18 Cuerpos Pág.139
Tri-v 23 - El Laberinto de Animal Hombre Pág.145
Tri-v 24 - La Corona de 7 Rayos Pág.151
Tri-v 25 - Una Nave en la Sangre Pág.155
Tri-v 26 - El Canto de los 11 Chakras Pág.159
Tri-v 27 - Los 7 Ojos y la Comida Pág.165
Tri-v 28 - Meridianos de Oro Pág.169
Tri-v 29 - El Canto de las Células Pág.195
Tri-v 30 - El Pájaro y la Estatua de Grasa Pág.199
Tri-v 31 - La Palabra que Vuelve Joven Pág.203
Espiritualidad
Tri-v 32 - El Murmullo de las 7 Velas Pág.205
Tri-v 33 - El Hombre de Cristal Pág.211
PROGRAMAS
Pág.217
ANEXOS
Pág.222
ANEXO1: sobre los libros de Eric
Barone,
una orientación
Pág.223
ANEXO2: Material para la Tri-v 22 Pág.231
(Cómo llegó a mis manos
esta historia del futuro)
Hay momentos en la vida en que uno debe estar dispuesto a
aceptar lo extraordinario, lo imposible y lo fantástico.
Dormía plácidamente en esta vieja casa de campo que mi
tatarabuelo inmigrante construyó en este mágico lugar... el
Bolsón. El padre de mi abuelo era un campesino dotado de
poderes curativos. Le bastaba acariciar la cabeza de un animal
enfermo y éste salía del corral renovado.
Había emigrado de la Suiza italiana con la esperanza de hacer
fortuna en un país nuevo. Luego de varios tropiezos, llegó a
Bariloche donde cayó en el más profundo de los encantamientos:
¡toda su juventud pasada en las montañas venía a su encuentro!
No le costó mucho decidirse; juntó algunas piedras con barro
y, con el “sudor de su frente“, además de un inmenso amor al
cielo y a la tierra, construyó en el seno del Bolsón esta vieja
casa llena de rincones, altillos, escaleras... y, según se decía,
de subterráneos. Pero, de los subterráneos, mi abuela rehusaba
hablar por miedo a que nosotros, los niños, se nos ocurriera
hacernos exploradores yendo a perdernos en increíbles grutas.
Dormía serenamente, repito, y viajaba en el más raro de los
sueños.
Era el amanecer, justo el momento en el cual se levanta el
sol según su milenaria rutina. Extrañamente, nuestro disco solar
estaba marcado por un triángulo “punta arriba”, encima del cual
tenía plantada una cruz. En el mismo instante, “una llamada
telefónica.” (¡hacía apenas unos días que nos habían puesto el
teléfono!). Me precipité, escuché, y oscilando la cabeza con una
mueca irónica, colgué diciéndome que era tan sólo un sueño y
volví a acostarme.
Créanme o no, a las seis y media de la mañana, el ring ring
del teléfono me despertó realmente. Tan raro era que salté de mi
cama y corrí hasta el aparato.
Nuestro teléfono estaba sobre el escritorio del primer piso,
que había dispuesto justamente frente a la ventana del este. Me
senté. Descolgué y miré por el balcón...
Vi que el sol apenas nacía, y justo en el lugar donde se
encontraba, en su exacto centro, un grupo de cinco ramas
desnudas de sus rayos, reproducían con toda perfección el
símbolo que había visto en mis sueños.
Ya en un estado de “trance”, terminé de levantar el teléfono
y dije un “hola” automático.
Una voz extraña, con acento netamente extranjero de
indefinible origen, me dijo:
“Buen día, le he enviado un primer mensaje en sus sueños,
pero Ud. ha rehusado recibirlo... entonces he decidido
llamarlo directamente.
Le ruego que escuche sin interrumpirme; dispongo
solamente de tres minutos de comunicación; no haga
preguntas y no intente saber quién soy. Conténtese con
lo que le diré”.
Evidentemente, con una introducción tal, sólo un retrasado
mental se burlaría.
“Mi nombre es Magister LIROLUVILUI, ¡escríbalo!
... Hace 108 años, antes de que su tatarabuelo se vaya de
Italia le obsequié un baúl, un baúl de madera barnizada,
lleno de cajones.
¿Sabe Ud. dónde está?”
Sin reflexionar le contesté: “¡claro!... cuando éramos niños
jugábamos con mis hermanos en el altillo. Recuerdo que un día
me escondí en este baúl y súbitamente me dormí. Me contaron
que la familia entera me buscó durante todo el día. Cuando salí,
-despertando tan inexplicablemente como me había adormecido-,
recibí de mi padre la única paliza de mi vida. ¡Claro que me
acuerdo donde está este baúl!”
“¡Es exacto! Discúlpeme Ud., con treinta años de retraso,
pero yo sugerí mentalmente a su padre que lo castigue
así para que no pudiera olvidar este baúl. También quise
que Ud. no lo volviera a tocar hasta este presente año. Se
había dormido Ud. porque la posición planetaria, que le
autorizaba a abrir este arca, todavía no había llegado.”
-¿Qué quiere decir? pregunté.
“En lugar de creer que está soñando y volver a acostarse,
tal como lo hizo en su sueño, le pido que vaya a su altillo,
que vacíe este baúl y que saque el quinto cajón de la
columna izquierda.
Tanteando el fondo del hueco por donde se desliza el
cajón, Ud. encontrará un clavo que apenas sobresale. Con
una pinza, Ud. tomará este clavo y lo arrancará tirando
fuertemente hacia sí.
Por el momento Ud. va a colgar el auricular.
Dentro de siete días, en la séptima hora y exactamente en
el séptimo minuto, Ud. mismo me llamará”.
Ya tendía mi mano para anotar el número sobre mi agenda,
cuando lo oí exclamar irónicamente...
“¡No! Inútil escribir sobre su agenda. Recordará
fácilmente mi teléfono.
A la hora exacta, marqué el número cero y dejé sonar
tres mil trescientas treinta y tres veces exactamente. Le
contestaré cuando llegue a esta cifra.”
...CLAC...
La comunicación estaba cortada.
Qué raro personaje éste... ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Magister
LIROLUVILUI.
Por suerte que escribí su nombre en un papel. ¿Es real o es
un nuevo sueño?
En todo caso, tenía razón, en lugar de volver a acostarme
mejor sería que tome un café y que vaya a verificar que pasa
con este baúl.
Me sucedió la más extraordinaria cadena de contratiempos
de toda mi vida... como si todo el mundo deseara que este baúl
siguiera inaccesible y que volviera a acostarme.
Llamó mi suegra para decirme que quería venir a almorzar.
¡Qué mala suerte!
El colador de café no funcionaba más y, aunque hubiera
funcionado, ayer había olvidado el café en el almacén, a veinte
kilómetros.
El té ya había sido consumido... por nuestro gato. No es
que sea un gato inglés, pero como le encanta jugar con todo
lo que olvidamos sobre las mesas, los tres últimos saquitos se
transformaron en ratones imaginarios que él persiguió por toda
la casa.
La llave del altillo estaba inencontrable; el último escalón
casi se derrumbó cuando me apoyé encima; el destornillador era
demasiado gordo y sólo el martillo fue mi único recurso para
vencer la adversidad de la puerta
del desván.
Busqué, derrumbé toneladas de polvo, saludé a miles de
arañas molestadas en su intimidad.
Tres ratones dejaron de festejar; un murciélago con una cara
de vieja bruja sin escoba, intentó despeinarme y obligarme a huir
gritando... pero ¡he resistido!... además un viejo maniquí que mi
tatarabuela, costurera, empleaba para coser jubones y corsé sobre
sus clientes de la burguesía local, y un viejo esqueleto que mi
abuelo, médico al fin, jamás se resignó a sacar de su consultorio.
(En verdad, él también tenía la reputación de curar más con sus
manos que con la medicina.)
Finalmente llegué al viejo baúl, con mi amor propio dolorido.
Lo abrí. Recibí una avalancha de viejos libros de medicina
mezclados con libros de astrología, ocultismo, y de símbolos.
Por curiosidad agarré uno de ellos y miré la fecha de edición:
“1873, Napoli”, época de mi tatarabuelo. Entonces, constaté que
él no era solamente granjero... puede que sí granjero-filósofo, o
un viejo alquimista disfrazado como hombre de pueblo.
Arranqué el cajón que me indicó Magister
LIROLUVILUI.
Con las palpitaciones que uno puede imaginar (un poco por
miedo a las arañas y mucho por la curiosidad), introduje la mano
en el fondo del hueco, siguiendo las ranuras sobre las cuales se
deslizaba el cajón, y... exactamente encontré el clavo, muy liso,
muy sólido, que me había anunciado. Intenté sacarlo con la mano,
pero aquí también tenía razón. Más rápidamente que el campeón
olímpico con su llama, subí con la pinza extraviada en el garaje.
Sostengo el clavo, tiro con fuerza... y un mecanismo se pone
en ruta: oigo una serie de “clicks”. La pared del fondo del baúl
se deslizó abruptamente. Una puerta, cuyas ranuras estaban
disimuladas por una fina capa de cuero, se abrió rechinando.
Descubrí un casillero en el cual un manuscrito parecía dormir
con su sabiduría esperando que un humano lo despierte.
Con la mano temblando, tomé el manuscrito cuya tapa era
de cuero. Un sello, finamente grabado en oro surgió en relieve.
Así Magister LIROLUVILUI exista o no, esto sí, no era un
sueño. Bajé a mi despacho y empecé a hojear el libro...
Cito algunos pasajes que más me impactaron:
“El futuro también tiene una historia, las Crónicas de
Magister LIROLUVILUI son la historia del futuro del
hombre.”
Mi atención fue vivamente llamada: me di cuenta que tenía
en manos un pergamino, un viejo documento de 108 años, que
me hablaba de un futuro que también era el mío, ¡el nuestro!
Ya me pregunto con viva curiosidad... qué van a contener las
próximas Crónicas. Evidentemente la que tengo es la primera.
¿Quién encontrará las siguientes?
“Dentro de 108 años el hombre estará en el umbral de
Acuario. Entonces el Magister develará a la especie
humana lo que debe saber para transmutarse a sí misma.
“Los que sean capaces de descubrir quién es él, ya serán
hombres de Acuario”.
Por vanidad, yo ya me sentía “ alguien de Acuario...”, pero
una puntada irónica en mi cabeza me obliga a reflexionar:
¿Puedo pretender saber quién es Magister LIROLUVILUI tan
sólo por haber recibido un llamado telefónico a continuación
de un llamado telepático?
“El hombre de Acuario deberá reivindicar los 33 derechos
que la especie humana viola desde hace siglos.
(...)
Deberá curar no tan solo su cuerpo físico porque es el
único visible, y sí tendrá que unificar medicina, psicología
y esoterismo dado que son tres cabezas de una misma
ciencia que debe ser mirada con nuestros tres ojos.
(...)
El deberá cesar sus luchas religiosas y volver al corazón
mágico de las mismas. Corazón disimulado bajo montañas
de política, poder y vanalidad. Las iglesias de todas las
religiones deben reencontrar la fuente de su creación...
ellas han sido creadas para luchar contra el mal, ¡que
lo hagan! sin generar una nueva inquisición, sino
desarrollando la ciencia de la magia de acuario, es decir
la esencia de las religiones: la fe!
(...)
Él deberá ampliar su conciencia a la totalidad de la
tierra, porque no es justo que un solo hombre del mundo
de Acuario se sienta feliz mientras que un solo pueblo del
mismo planeta continúe sufriendo.
(...)
El hombre de acuario no tendrá más un cerebro
adormecido, encarcelado en un cuerpo atrofiado. El
deberá despertar todos sus poderes, todas sus capacidades,
todos sus medios. Y así hará como el horrible gusano de
seda que, entrando en su capullo de inconsciencia, se
transmuta en maravillosa mariposa. El hombre debe dejar
de arrastrarse y empezar a elevarse.”
Entonces, totalmente atolondrado por estas revelaciones
comprendo que sólo pasaremos a la era de acuario a costa de una
reforma total de nosotros mismos, de nuestra vida, y seguramente
hasta del más mínimo detalle constituyente de nuestro bienestar
y malestar.
Sigo leyendo y descubro que este libro de Magister
LIROLUVILUI contiene treinta y tres “ actos del espíritu
sobre el espíritu”. Traducido en lenguaje moderno diríamos:
“visualizaciones”.
Me pregunto a mí mismo para qué tantos misterios por sólo
algunas visualizaciones, pero rápidamente descubro que tienen
muchas rarezas.
Estas visualizaciones tocan nuestros problemas más
fundamentales tanto en lo ordinario y cotidiano como en lo
trascendente: la salud, la psicología, la vida social, lo espiritual.
Hasta la moderna parapsicología está implicada.
Hasta ahora, jamás he encontrado un manuscrito que pueda
pretender ser tan holístico como este.
Al analizar detalladamente estas visualizaciones, me doy
cuenta que evocan a animales fantásticos: caballos de 6 patas,
cuadrúpedos con tres cabezas, peces de fuego. Ellas emplean
lugares extraordinarios: un planeta ajedrez, un laberinto en una
montaña, una gruta en el Himalaya. Y sobre todo un lenguaje
desconocido en nuestra tierra: HEIDIOBU- DIVIOULOT,
MABEIMA- BEVEMEJE- VEV, QEQEWEELEZ.
Sospecho que este documento, más extraterrestre que humano,
contiene una fuerza que jamás comprenderemos totalmente. Casi
insondable.
Empiezo a practicar las técnicas indicadas, recordando que
mi padre también tenía poderes. Mi madre nos impedía subir al
primer piso o hacer ruidos a ciertas horas. Mi padre trabajaba
en este mismo despacho donde estoy instalado ahora mismo.
Escuchábamos ruidos extraños, y mamá nos decía que mi padre
captaba la radio. Sentíamos olores magníficos y ella pretendía que
papá quemaba inciensos para purificar su lugar de meditación. Es
verdad que los pacientes hacían cola (el también era médico) y
venían de muy lejos, hasta de países extranjeros para consultarlo.
Él viejo tenía la reputación de curar lo imposible, pero como era
nuestro padre, no nos impresionaba.
En verdad, jamás habíamos visto un paralítico partir
caminando, pero sí, siempre con su alma en paz.
Centenares de cartas agotaban cada semana al cartero que las
repartía en bicicleta. Sellos de todos los países se amontonaban
en mi colección dando testimonio de que mi padre curaba
también a distancia... pero la inconsciencia de mi juventud
conocía solamente al padre que me ponía sobre mi caballito de
madera cuando niño.
Comencé a practicar la técnica de los siete rayos. A mí también
me venía la pulsión de curar con las manos. Creí poco al inicio,
como todo lector.
¡Cómo imaginar que un texto escrito puede transformarse en
real realidad en lugar de ser solamente la realidad del imaginario!
Entonces empecé a acumular energía en mi “lago del corazón”,
logrando desecar “escaras” de la vecina en su silla de ruedas.
Continué cerrando las heridas de los niños del vecindario,
enseñándoles cómo hacer cantar sus células con la palabra:
VIKIJOBIIOU.
Este libro de Magister LIROLUVILUI me atraía cada vez
más.
Llegó el séptimo día, la séptima hora y el séptimo minuto.
Ingenuamente preparé un grabador de cassettes para poder captar
la voz del Magister.
Marqué el 0 dejé sonar 3332 veces. Crean que fui
sorprendido cuando al timbre siguiente... alguien descolgó y
que simultáneamente la luz de mi casa se apagó, dejando el
magnetófono fuera de uso.
Lleno de vergüenza, sospechando que el Magister ya sabía
mi intención de grabar su voz... lo saludé.
“Despreocúpese, dentro de siete minutos su grupo
electrógeno volverá a ponerse en marcha.”
Si todavía hubiera conservado algunas dudas, en ese
instante se esfumaron definitivamente, y medio enrojecido en
la penumbra escuché más atentamente.
“Ahora tiene en sus manos el documento que había
redactado para Ud. hace 108 años.
Le pido dominar cada uno de los conocimientos que ha
encontrado.
Ud. deberá reunir un grupo de alumnos y con ellos
comprobar sistemáticamente, casi de modo científico (por
lo menos según lo que Uds. llaman ciencia en su época).
Cuando esté convencido, deberá publicar este manuscrito.
Ud. deberá conservar los títulos de cada acción del
espíritu sobre el espíritu, aunque le parezcan anacrónicos.
Ud. titulará este libro: Primera Crónica de Magister
LIROLUVILUI y agregará un sub-título que diga: “El
control mental de Acuario une el hombre al cosmos”.
-Pero, -le contesté-, hay quienes han difundido ya un control
mental.
“Es cierto. Hace varios años influencié su espíritu para
“preparar el terreno”. Les indiqué como emplear unas
técnicas de hipnosis, de la medicina ayurvédica; de la
sugestión y sobre todo la famosa visualización que se
practica desde milenios en todos los grupos iniciáticos de
este mundo, en ésta y en las otras dimensiones.”
-¡Magister! ¿Qué diferencia real existe entre este control
mental nuevo y el antiguo? Dígamelo sino tendré suma dificultad
en difundirlo.
“La visualización es un lenguaje particular que el hombre
puede emplear para comunicarse con el cosmos y las doce
energías que pone a su disposición. Si los símbolos que
Uds. Emplean están alejados de los símbolos que hacen
reaccionar al Universo, éste tardará mucho tiempo en
comprender lo que Ud. desea. El error que cometen Uds
los humanos es que proyectan las metáforas que produce
vuestro inconsciente (uno de vosotros las ha llamado
arquetipos) sobre el Universo.
Es todo lo contrario de lo que habría que hacer.
Uds. deben descubrir los arquetipos del Universo y
adaptar su espíritu a ellos.
Las imágenes de este nuevo control mental hablan al
universo con imágenes y sonidos que puede comprender
en el acto, aunque quizás sus psiquiatras no alcancen a
explicarlas.”
-¡Magister! creo haber comprendido que Ud. tiene por misión
darnos el “modo de empleo de Acuario”, pero, cómo y de dónde
van a provenir los próximos mensajes? Éste es solamente un
inicio!
“Verdad! La conjunción planetaria del renacimiento
ha llegado. A otros humanos con genes similares a los
suyos haré descubrir mis próximos mensajes, también
redactados hace 108 años.”
-¿Qué quiere decir con “mis genes”?
“Sus antepasados son de Cerdeña, Malta, Grecia, Asia
Central y una parte del Tibet. Lo sabía, no?
Hay sobre el planeta Tierra actual, en la dimensión
desde donde me escucha Ud., 144.000 personas que han
heredado una línea genética similar a la suya. ¡No tiene
nada de superior a la humanidad, que su vanidad se
tranquilice! Pero como lo ha notado estos últimos días, su
familia está llena de curanderos y de gente con poderes.
Sus antepasados heredaron su genética de aquella época
en la cual los Dioses se unieron con los hombres, por tal
causa tenían esa misión. ¡Lea mejor la Biblia!
Estos genes le han dado el cuerpo que se necesitaba y que
era indispensable para su última encarnación. El resto
Dios lo decidió.
Lo comprenderá mejor cuando devele a los hombres de
su dimensión la segunda Crónica: “La religión mágica
de Acuario”.
-¿Por qué quiere Ud. que difunda estas técnicas?
“Porque entre el rico y el pobre hay varios puntos de
igualdad. El poder del espíritu es uno de ellos.
Porque para cambiar de época su humanidad necesita
pasar por varias puertas, y el control de las doce energías,
tanto internas como externas, es una etapa obligatoria.
Verá cómo en la tercera Crónica: “El manifiesto de los
33 derechos fundamentales de Acuario”, por ejemplo,
dice cómo el derecho a comer de la energía mezclada
con nuestros alimentos cotidianos (transformándolos así
en alimentos curativos) pasa por un trabajo simultáneo
sobre el espíritu y el alimento. El espíritu del alimento y
el alimento del espíritu son una y misma cosa.
Éste es uno de los 33 derechos que su humanidad deberá
reivindicar. En la cuarta Crónica: “Medicina, psicología
y esoterismo, una sola ciencia de Acuario”, verá que sus
18 cuerpos (todos energías de diversas densidades) tienen
un puente universal construido por su conciencia y que,
mediante este puente, las curaciones que la química no
puede obtener el espíritu las alcanzará.
-¿Magister, qué recomendación principal me hace?
“Al final de esta primera Crónica, he agrupado varios
programas. Ud deberá explicar a su humanidad que el
renacimiento en esta misma vida y en este mismo cuerpo,
¡es posible! Llámelo “ programa renacimiento”.
El hombre que sufre, el que se busca, el que duda, el que
quiere despertar, el que desea escapar de las trampas de
la vida en la cual se ha encerrado... puede a la vez buscar
una salida, encontrarse, despertarse, en una sola palabra:
RENACER. Si un hombre desea renacer y descubrir
antes de la hora, como será el hombre de Acuario, que
se imponga 40 días de disciplina para practicar este
programa. Así habrá aprendido más que todos los libros
del mundo y recibido más que todas las iniciaciones de
los hombres.
Para terminar, recuerde que un libro es una criatura
viviente.
¡Respételo! ¡Háblele!: ¡Lo escuchará!; ¡Óigalo
atentamente!: ¡Le hablará!
Como dicen algunos: ¡haga un paso hacia él, y él hará
diez pasos hacia Ud.!
La posición planetaria ha cambiado, debo cortar la
comunicación.
Espere que lo llame en sueños para volver a telefonearme
al mismo número. Se necesitará que sean siempre 7 días,
7 horas y 7 minutos después de su ensueño.”
Colgué el aparato, y repentinamente la luz volvió en el
mismo instante; el magnetófono, irónico, se puso de nuevo en
marcha y, para no sentirme demasiado estúpido, empecé a dictar
todo lo que pude recordar de esta conversación con Magister
LIROLUVILUI.
Este libro es su producto... suplico al lector dar por lo menos un paso
hacia él.
“LEA TODO EL LIBRO EN SU PLATAFORMA DIGITAL HABITUAL”

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